lunes, 19 de septiembre de 2011

Esta nota salió publicada en MVPrensa en abril de 2007 y, gracias a este texto, conocí al amor de mi vida. Por eso, le tengo un cariño especial... Salú!



CARNAVAL TODA LA VIDA



Trece personas maquilladas, agrupadas en ocho micrófonos, con disfraces y sombreros llamativos, aparecieron cuando la penumbra del escenario cedió ante la luz y el sonido todopoderoso de la murga uruguaya. Agarrate Catalina, ganadores en 2005 y 2006 en el Teatro de Verano de Montevideo de las históricas contiendas murguenses del otro lado del río, salieron al escenario porteño de La Trastienda con su show El corso del ser humano.
El sábado 14 y el domingo 15 de abril, Buenos Aires vibró y aplaudió al ritmo de la banda liderada por los hermanos Tabaré y Yamandú Cardozo. En un espectáculo impecable, no solo desde lo musical y las letras, sino también desde lo visual, Agarrate se despachó con un análisis pormenorizado del ser humano cargado de humor, actualidad y crítica punzante, típica de la murga uruguaya. La niñez, la educación, la espiritualidad, la religión y la ideología, fueron parte de las temáticas abordadas con una alta dosis de ironía, respaldada y festejada por las carcajadas del público presente.
A puro sarcasmo, la banda que nació en abril de 2001, arrancó con el desopilante cuplé de las maestras. Dos gordas y anticuadas educadoras de grado, a las que luego se suman otras diez, se despachan contra los niños, su núcleo familiar y las nuevas teorías pedagógicas: "Ahora, con la nueva educación, parece que el niño es inteligente, parece que el niño piensa. Lo único que falta es que digan que es un ser humano". Pero fue el remate, con su visión tan sombría como mordaz, el que reflejó una preocupación bien tercermundista: "Qué placer da verlos con esa mochila, tan pesada y tan difícil de cargar. Lo que llevan ahí adentro es el peso de Uruguay".
La segunda parte del show no fue apta para católicos devotos. Dedicada al ser humano y la espiritualidad, la copla de Dios se inició con un monólogo del diablo: "El ser humano, ¡qué bicho más desagradecido el ser humano! Uno se desvive para darle todo y, ¿cómo te paga? Cinco minutos antes de reventar empieza 'Ay, Dios mío perdona mis pecados'". Con mucho humor, luego vinieron los palos para la iglesia, el Opus Dei y el Papa nazi.
Pasada la mitad del espectáculo, llegó el turno de analizar la ideología de la humanidad con el cuplé de las banderas. Comienzó con una crítica hacia el Uruguay de la Concertación de principios de los '80, donde en apariencia todos se agrupaban bajo una misma bandera y una misma lucha, y a continuación apuntó sus dardos contra el individualismo y el egoísmo tan presente en estos días. La Catalina desplegó en el escenario banderines de colores que representaban a los grupos y subgrupos donde los seres humanos se amontonan y desde los cuales se enfrentan entre si. "De este lado va la gente rica, de aquel lado van los pobres; de este lado va la gente linda, de aquel lado los que no; de este lado los intelectuales y de aquel lado la ignorancia".
Cerca del final, hubo un breve repaso de los shows premiados de los carnavales de 2005 y 2006, con las voces de las simpáticas cucarachas que esperan el fin del hombre para apoderarse del mundo: "El ser humano ya no puede caminar, porque no tiene, porque le falta, aire para respirar"; y la voz del sueño americano, con críticas hacia las multinacionales y la comodidad de la sociedad que pide el cambio, representada por Ronald Che Guevara Chávez Castro Mc Donalds: "Luchemos por el fin de la hamburguesa, burguesa, burguesa". La sátira, si bien se representó contra la sociedad uruguaya, se hace naturalmente extensiva hacia otros países con gobiernos de izquierda, donde gran parte de su población espera mejoras sociales inmediatas sin el esfuerzo ni compromiso individual correspondiente.
Y llegó el cierre. Con la ovación del público que los envolvía, los murgueros bajaron del escenario al compás de la música y se alejaron de las tablas hacia la puerta de la calle Balcarce, bailando en el trayecto con la gente que, parada, no paraba de aplaudirlos. La fiesta se terminaba. Con la Catalina, Buenos Aires se vistió de carnaval, y qué bien le quedó el disfraz.

3 comentarios:

  1. "El final me puso la piel de gallina", le había escrito por aquel entonces a don Tomás sobre tu texto.

    Desde entonces, con la Catalina, mi corazón se vistió de carnaval, y qué bien le quedó el disfraz...
    Luz.-

    ResponderEliminar
  2. Te amo, Luci!!! Que bien les quedó el disfraz a nuestros corazones!

    ResponderEliminar
  3. Bravo, Negro, por la nota, y sobre todo por lo demás.

    ResponderEliminar