domingo, 9 de octubre de 2011

PERFIL IGNACIO RIZZI - 2º PARTE

El viaje

José Rizzi empezó a jugar al rugby a los 14 años, jugó en Alumni, pero se retiró joven, cuando se casó con Dora. Luego de 20 años en la industria frigorífica, en la venta de medias reses para consumo interno, se sintió perdido, sin saber qué hacer. Probó tres años como empleado en una compañía de seguros y, paralelamente, desarrolló casi sin darse cuenta una pequeña empresa de ropa de rugby llamada Barbarians, que se convirtió en el primer rugby shop de la Argentina. Empezó con algunos bordados en remeras y sweaters para el San Isidro Club (SIC) y terminó con dos locales, uno en la calle Florida -la peatonal céntrica de la Ciudad de Buenos Aires- y otro en el barrio porteño de Belgrano. Fue en 1989, en el local de Florida, donde Ignacio Rizzi empezó a hacer realidad uno de sus mayores deseos de la adolescencia, viajar a Francia para poder ver algunos partidos del Mundial de Rugby 1991. Cuando el dirigente Marcó Sylvestre ingresó al local Barbarians junto a la delegación de Guyana Francesa, Nacho desplegó toda su seducción. Así consiguió que lo inviten a jugar un amistoso para la selección de ese país frente al equipo argentino Los Matreros.
La selección de Guyana estaba haciendo gestiones con la Federación Francesa para ingresar a jugar el torneo Sudamericano de rugby, en el que compiten países como Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile. Para eso invitó a Robert Antonine, Director General del rugby francés, para que evalúe el nivel del rugby de Guyana en un amistoso frente al equipo argentino Los Matreros. A esa gira de Matreros en 1989 viajó Ignacio, pero para jugar como refuerzo del país Colonia de Francia. Finalmente no jugó ese partido, pero se encargó de perseguir a Antonine para que vaya a ver el torneo de Rugby Seven en el que si jugó. No era un crack, tampoco un gran jugador, pero tenía una muy buena patada. Por eso quería que Antonine lo vea patear. Quería viajar a Francia y el dirigente podía ser su llave de ingreso. El hospedaje lo tenía asegurado en lo de los Lemarec, una familia francesa amiga de la suya.
A Buenos Aires no volvió. En Guyana trabajó en un taller mecánico, como patovica en un boliche y de disc jockey. Tenía 19 años y un único objetivo, juntar plata para poder viajar a Francia. Después de tanto insistir con Antonine, con unos pocos dólares en los bolsillos viajó a Europa, donde consiguió una prueba en el club francés Villeneuve Sur Lot…

1 comentario:

  1. Vamos, Negro, que quiero seguir leyendo cómo sigue la historia de Rizzi. Mil besos, Loooci.

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